Reseña histórica

Crónica de la Fundación

 

El escenario

El escenario de este relato es un bellísimo paraje de la sabana de Bogotá, recostado en las suaves ondulaciones de Suba y pródigamente dotado por la naturaleza, el que, con el correr de 

los tiempos, y gracias al idealismo y al esfuerzo entusiasta de un puñado de amigos, se convirtió en uno de los más confortables y atractivos clubes sociales y deportivos de la ciudad.

Se conjugan allí las más preciadas características de la altiplanicie. Aguas abundantes que fertilizan y refrescan, tierras planas de ubérrima fertilidad y ligeras elevaciones que rompen la monotonía de la inmensa sabana y deparan a este  lugar un régimen de vientos suaves y lluvias atemperadas.

Está situado hacia el noroeste de la ciudad, a muy poca distancia de sus barrios residenciales, en las cercanías del viejo camino de Suba, la primera y más antigua ruta de los conquistadores, la única que comunicó el imperio de los chibchas y la capital colonial con las feraces tierra del norte, y más allá, con el río de la Magdalena y las rutas marítimas de la metrópoli.

 

La fuente termal

Brota en ese paraje una fuente inexhausta de aguas termales que reserva el secreto de su calor y de su fuerza a los entendidos en cuestiones geológicas. Debió ser ella motivo de ingenuos fetichismos para la imaginación de nuestros aborígenes. No pocos de los colonizadores y mestizos de la nueva época debieron aventurarse por sus cenagosos caminos para buscar lenitivo a sus achaques y reumas. Quizá no faltará algún virrey o poderoso señor de aquellos tiempos que pretendiera llegar allí para ahorrar horas y distancias en relación con aquellas otras fuentes famosas de Tabio o de Choachí.

El más caudaloso manantial emergía precisamente en el centro de un antiguo pantano que, en épocas recientes, el bulldozer se encargó de transformar en el precioso lago que circunda las instalaciones principales del Club.